NEOCLASICISMO Y ROMANTICISMO

A mediados del Siglo XVIII, comienza en Europa a detectarse un cierto cansancio frente a la línea curva del barroco y la ornamentación del rococó. De manera gradual se impondrá la estética neoclásica.

El Neoclasicismo, como movimiento artístico , se desarrolló simultáneamente en casi todos los países europeos y germinó a partir de las ideas de la Ilustración. Los artistas neoclásicos adaptaron los modelos de la Antigüedad griega y romana que encarnaban la razón, sencillez y serena grandeza.

Al final del Siglo XVIII y principios del XIX, la pintura en España era un verdadero nudo de muchos cabos: tardobarroco, rococó, academicismo, gusto cortesano, neoclasicismo... La pintura fue la última de las artes en incorporarse a la estética neoclásica, con notable retraso respecto a la arquitectura y a corta distancia de la escultura. La fuerte oposición que estableció el neoclasicismo al barroco no fue del grado de los pintores españoles que admiraban sobremanera el arte de un siglo tan extraordinario como había sido el XVII en España. La influencia del neoclasicismo se dejó sentir ya iniciado el siglo XIX. Llegaba tras un largo proceso de lenta maduración. Por una parte se inclinaba hacia la pintura de Tiépolo y Mengs, y por otra, hacia la estética de ese excepcional y singular artista que fue Goya.

En la transición entre los dos siglos XVIII y XIX se desarrolló la pintura de Antonio Carnicero (1748 - 1814) de una estética academicista cortesana con fuerte influencia de Goya. Atribuidos a Carnicero se exponen "Una maja" y "Majo fumando", que fueron enviados por el Ayuntamiento al museo en 1874.

La pintura neoclásica comenzó a fraguarse en Cádiz a partir del último tercio del siglo XVIII, siguiendo el avanzado gusto de los ilustrados gaditanos. En 1717 Felipe V trasladó a Sevilla a Cádiz la Casa de Contratación con lo que se concentró en su puerto todo el comercio con América. Cádiz se convirtió en una activa ciudad comercial con una burguesía mercantil culta y moderna. El comercio y la prosperidad económica favorecieron el asentamiento en Cádiz de numerosos extranjeros que dieron a la ciudad un aire cosmopolita que la diferenció del resto de la ciudades andaluza. Resulta fácil comprender que en aquel ambiente de talante liberal y culto germinaran las ideas de la Ilustración y se abandonara el estilo barroco por el neoclásico. Motor de esta renovación fue, sin duda, la presencia en la ciudad de artistas extranjeros como el sueco Adolf Ulric Wertmüller, el italiano Giovani Brighardelli y el alemán Franz Xavier Riedmayer, entre otros, y desde luego, la influencia de la Escuela de Nobles Artes que se fundó en 1789. Su primer director de la sección de pintura fue Domingo AlvarezEnciso, discípulo de Antonio Rafael Mengs, célebre pintor, escritor y teórico neoclásico. (Banda y Vargas, 1991).

Las obras de los pintores gaditanos Manuel Montano y Victoria Martín ilustran perfectamente las principales características de la pintura neoclásica : dibujo lineal y acromía del color.

De Manuel Montano (1770 - 1846) se expone la copia del Autorretrato de Angelika Kauffman que se conserva en el Museo de los Uffizi de Florencia y que pudo copiar durante su estancia en Italia (1795 -1798) pensionado por la Academia. Angelika Kauffman era una artista neoclásica, nacida en Suiza, que vivió en Florencia, Londres y Roma. Sus obras, muy popularizadas en su época a través de grabados y de la decoración de muebles y porcelanas, desempeñó un papel importante en la evolución del gusto. En el Autorretrato que Montan copió parcialmente (el original es de cuerpo entero), la artista se representó sobre un fondo de paisaje, visto a través de una ventana, ataviada con túnica blanca ceñida por cinturón al gusto de la época imperio.

La elección para copia, entre todas las obras del Museo de los Ufficci, del autorretrato de una de las más claras representantes del estilo neoclásico en Europa nos parece testimonio del interés de Montano por el neoclasicismo.

A Victoria Martín Barhié (1794 - 1869) la calificó Gaya Nuño (1966) como "uno de los mejores valores de nuestra pintura neoclásica". Los dos lienzos expuestos en esta sal "Autorretrato" y "Psiquis y Cupido " parecen inspirar, ciertamente, las palabras de Gaya Niño. Su "Autorretrato" sigue la más pura estética del retrato francés neoclásico. El tema de Psiquis y Cupido está basado en un relato mitológico de Lucio Apuleyo (siglo II d. C.) . Representa el momento en que Psiquis, bella doncella envidiada por Venus, alumbrándose con un lámpara contempla a Cupido mientras duerme. Quizás se inspiró la artista en algún grabado del neoclasicismo francés. De línea cuidada, exquisita factura y tratamiento del color, sigue en los desnudos los presupuestos neoclásicos según los cuales los artistas debían inspirarse en las esculturas antiguas, simplificando los músculos, ignorando las venas y los efectos naturalistas.

A principios del siglo XIX, surgió en la ciudad de Cádiz, protagonista de las primeras Cortes Constituyentes e inmersa en un ambiente lliberal y vanguardista, un incipiente romanticismo. Juan Rodríguez Jiménez "El Panadero" y Joaquín Fernández Cruzado se anticiparon a la estética del costumbrismo romántico. El retrato fue uno de los género preferidos por los pintores del siglo XIX. El Museo de Cádiz posee una numerosa colección de ellos.

De gran interés, por lo insólito en la producción del pintor, es el lienzo del sevillano José María Rodríguez de Losada (1826 - 1896) que, en pequeño formato, representa al pintor y su esposa el día de su boda ataviados con trajes de majos.

Fuera de la órbita andaluza, se muestra "Retrato de Señora" del pintor José Elbo (1802 - 1845). Este artista, aunque nacido en Ubeda, se adscribe a la escuela madrileña tanto por su residencia en Madrid como por el estilo de su pintura muy cercana a la del romántico madrileño Leonardo Alenza.

Una vitrina con algunas piezas de porcelana y miniaturas completa la sala y muestra la calidad de las artes decorativas en los siglos XVIII y XIX.

La fabricación de porcelana europea comenzó en el siglo XVIII en Francia y Alemania. El arte de imprimir diseños y dibujos sobre la porcelana se desarrolló a partir de la segunda mitad del siglo XVIII y se divulgó enormemente en el siglo XIX. En España sobresalió la fábrica de porcelana del Buen Retiro (1760 - 1808) y la Real Fábrica de la Moncloa (a partir de 1817).

El retrato en miniatura fue generalmente un arte anónimo. Hubo artistas dedicados exclusivamente a este género entre los que destacamos Lorichan y Pedro Nolasco Leclerc, de quienes se exponen dos claros ejemplos de la perfección de su técnica. Excepcionalmente, artistas destacados por su pintura realizaron retratos en miniatura como fue el caso de Goya, Carnicero, Esquivel etc.. Atribuido a Miguel Jacinto Menéndez (1679 - 1712) se incluye en la selección, el retrato de Mª Luisa Gabriela de Saboya (Santiago Paéz, 1989). Las miniaturas están pintadas al óleo sobre láminas de pergamino, hueso o marfil.

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