BARROCO EUROPEO

Los fuertes contactos de España con las escuelas flamencas e italiana, en el siglo XVII, fueron consecuencia de los dominios de la monarquía española de los Austrias en Flandes y Nápoles.

La escuela flamenca, centrada en la pintura de Rubens, vivió un momento de gran esplendor. Felipe IV sintió por la pintura de Rubens una gran admiración, fruto de la cual el Palacio Real atesoró una insuperable colección de obras de este artista y su Escuela, que, como hemos visto, influyeron notablemente en la pintura española.

Por otra parte, trabajaron para este rey español, artistas italianos significativos, y se trajeron de Italia numerosas obras de arte que enriquecieron las colecciones reales.

A la Corte de Carlos II llegó el napolitano Lucca Giordano, que españolizó su nombre como Lucas Jordán. Pintor de una rapidez de ejecución difícilmente igualable se le dio el sobrenombre de "Fa presto", y dejó en España un número ingente de obras.

El gusto por la pintura extranjera no fue exclusivo de la Corte, sino que se extendió a coleccionistas particulares y a la Iglesia. Ello dió lugar a que España conserve en sus iglesias y museos una gran cantidad de obras de arte flamencas e italianas de los siglos XVII y XVIII.

La selección de pintura barroca extranjera que se exhibe en esta sala se inicia con el lienzo del pintor holandés Nicolaes Eliasz Pickenoy (1590 - 1653). Obra de barroco dramatismo, dibujo correcto y cuidada composición ofrece el colorido característico de los pintores holandeses anteriores a la influencia de Rembrandt (Pemán, 1964). Procede por desamortización del Convento del Carmen de Cádiz. De Willem Claesz Heda (1593 - 1682) se expone una "Naturaleza muerta", pintada sobre tabla. Este artista se especializó en bodegones, género en el que destacó por su ejecución esmerada y exacto dominio de las calidades de los manjares, metales y vidrios. Ha sido recientemente restaurada en el museo, pudiendo leerse ahora claramente la firma y fecha; HEDA F 1663, a la izquierda bajo la mesa. Esta naturaleza muerta enlaza con otras del pintor en las que repitió el motivo del plato con el limón y similares vasijas. De la Escuela de Anthonie van Dyck (1599 - 1641), y también desamortizado de algún convento de la provincia, se muestra un "Jesucristo muerto en brazos de un ángel". Cuadro que presentaba fuertes problemas de conservación, fue rescatado de su larga estancia en le almacén tras su restauración.

En el centro de la sala , en una vitrina, se destaca el pequeño cuadro de la "Sagrada Familia", atribuido a Peter Paul Rubens (1577 - 1640) desde antiguo. Pintado sobre cobre, forma parte del legado del


LA SAGRADA FAMILIA
Rubens (1577-1640)

Almirante Lozano de 1872. Quizás proceda de la compra de cuadros a la muerte de Rubens, por la más importante casa exportadora de obras de arte flamenco en el siglo XVII: la casa Forchaudt de Amberes (Quintero , 1934). Sabemos que esta firma estableció comercio con la entonces próspera ciudad de Cádiz a finales del siglo XVII y principios del XVIII (Pemán, 1932). La escena que representa se repite de modo análogo en otros cuadros de Rubens, asemejándose al del Museo Wallraf Richärdz de Colonia. El modelo de la Virgen ha venido considerándose como retrato ideal e la segunda esposa del pintor, Elena Fourment (Pemán, 1964). Constituyen la escena de esta Sagrada Familia, San José en un lateral, la Virgen y el Niño ocupando el centro del cuadro, y al otro lado un ángel que ofrece uvas al Niño desde un fondo de paisaje. Sobresalen como características propias del lenguaje rubeniano, el naturalismo de los rostros y del propia escena, el juego de diagonales de la composición y la gama cálida de color.

Rubens formó en Amberes un renombrado taller e pintura en el que supo rodearse de buenos colaboradores , y del que salieron numerosos discípulos continuadores de su estilo. De uno de estos discípulos - Gerard Seghers- se muestra en la sala el lienzo "San Agustín y los doctores de la Iglesia" (Díaz Padrón, 1977). Desde 1835 en el museo, procede del Convento de San Agustín de Cádiz.

"La Adoración de los pastores", es versión muy repetida por seguidores del estilo de Rubens. La que conserva el Museo de Cádiz la consideramos realizada por algún pintor flamenco del XVII, cercano al taller del maestro.

Expuestos en una vitrina, se ofrece una selección de azulejos holandeses-de Delft - del siglo XVII. En Holanda en ese siglo se desarrolló de manera importante la industria de la cerámica, sobresaliendo la de Delft, por la finura de sus piezas revestidas por un esmalte de estaño y decoradas con azules con influencia de la cerámica oriental (Charleston, 1968).

España, con importantes centros productores de cerámica en el siglo XVII - Sevilla, Valencia -, tiene escasos y aislados ejemplares de cerámica decorativa holandesa de ese siglo.Cádiz es una excepción. Ciudad cosmopolita en aquel tiempo, con importantes relaciones comerciales con los Países Bajos, atesoró, en la capital y su provincia, numerosos ejemplares de azulejos holandeses que todavía hoy pueden admirarse "in situ" en la Iglesia de Santa María de la O de Sanlúcar, etc.-.

Los azulejos de Delft que se conservan en el museo proceden de la Cartuja de Jerez de la Frontera. Son de finales del siglo XVII. La mayoría son del tipo de "países", pintados con manganeso, de un bello color malva sobre fondo blanco. El "país" está encerrado en un doble círculo y las esquinas del azulejo presentan motivos decorativos del tipo llamado "spinnekop". Llama la atención un ejemplar, también de Delft, de rico colorido, muy distinto a los tipos frecuentes en Cádiz. Debía de formar parte de un panel decorativo.(Dos Santos Simoes, 1959).

La pintura barroca italiana está representada, en la sala, fundamentalmente por dos artista napolitanos. Luca Giordano (1632 -1705) con dos cuadros -"San Miguel" y "Angel de la Guarda"- y Fabrizio Santafede (1519 ? - 1634) a quien se le atribuye "El Entierro de Cristo". Los tres cuadros ingresaron en el museo en 1835 procedentes de conventos desamortizados. Los de Luca Giordano de la Cartuja de Jerez, donde fueron descritos por Ponz en su Viaje por España. Destacan en ellos el color y el movimiento característicos del pincel de Giordano. "El Entierro de Cristo" de Santafede sobresale por su belleza formal y el interés iconográfico. Con sabia y equilibrada composición, aparece en primer término el cuerpo de Cristo que, en línea quebrada, recorre el cuadro de izquierda a derecha. Iconográficamente, se reúnen en esta obra dos motivos frecuentes en la pintura de la Contrarreforma, el de Cristo muerto sostenido por ángeles y el Cristo descendido, adorado y llorado por la Virgen, la Magdalena y San Juan.

El conjunto escultórico "Los Misterios Dolorosos" procede del Convento de Capuchinos. Está tallado en madera, y comprende una serie de esculturas acopladas a fondo de paisajes rocoso. En la parte más alta, vemos la figura de "Jesús orando en el huerto con el ángel de la Confrontación"; le sigue "la Flagelación del Señor por un sayón" y a continuación "Cristo sentado y coronado de espinas". En la parte central "Caída de Jesús en la subida al Gólgota" y por fin "La Dolorosa" que centra la atención del conjunto. Las esculturas son de pequeño formato, si bien aumentan progresivamente sus medidas desde los quince centímetros de "La oración en el Huerto" hasta llegar al tamaño académico de "La Dolorosa". Antiguamente "Los Misterios Dolorosos" fueron atribuidos a Francisco Salzillo y también a Nicolás Salzillo. Sin embargo, estudios recientes sobre la obra de artistas italianos en Cádiz han atribuido este conjunto a algún escultor de la Escuela genovesa del Siglo XVIII. En un primer momento se pensó que pudiera tratarse de Molinari (Sánchez Peña, 1987), para más tarde señalar como autores a los artistas genoveses Francesco Galeano y Giovanni Batista Maragliano (Aranda, Hormigo, Sánchez Peña, 1993)

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