PLENO BARROCO, MURILLO

En la segunda mitad del siglo XVII, bajo la influencia de las obras de Rubens y del barroco italiano que nutrían las colecciones reales, tuvo lugar un considerable cambio en la pintura española. La estética evolucionó hacia formas más dinámicas, sensuales y luminosas. Los artista vinculados o cercanos a la Corte fueron los primeros en asumir ese cambio, (Pérez Sánchez, 1992).

De tres de estos artistas de la escuela madrileña se exhiben obras en la sala. "El retrato ecuestre del Rey Carlos II", atribuido a Juan Carreño de Miranda (1614 - 1685), "La presentación de Jesús en el templo" firmado por Francisco Solis (1620 - 1684) y "La Inmaculada" de Francisco Rizi (1614 - 1685). Destaca este último lienzo, de fecha ya avanzada, (hacia 1680), en el que se muestra claramente el lenguaje del pleno barroco a través del vigor de la pincelada, del brillo del color y de la espectacularidad del desarrollo del tema de la Inmaculada. Erguida, caminando sobre el globo de la luna, aparece coronada de doce estrellas, con túnica blanca y manto azul, rodeada de una gran profusión de ángeles niños que portan los atributos de la letania. Los ángeles están dispuestos formando un arco que se entrecruza con el arco iris, en sentido inverso, reforzando así la figura de la Virgen que poderosamente destaca en el centro del cuadro.

De Alonso Cano (1601 - 1667), se expone el cuadro de "La Visión de San Félix de Cantalicio" (h. 1650) procedente por desamortización del Convento de Capuchinos de Sanlucar de Barrameda. Lienzo de grandes dimensiones, muy dañado de antiguo (1), con inevitables cicatrices, y dilatadas estancias en almacenes, fue restaurado en el museo para exponerlo en la remodelación de 1990. Existe en el Museo del Prado un dibujo a pluma y aguada que es boceto de este lienzo. La reciente restauración ofreció nuevos datos sobre la endeble figura del Niño en la que se había basado principalmente la opinión de que este lienzo hubiera sido terminado por el taller de Alonso Cano (Wethey, 1983). Se comprobó que gran parte de la figura del Niño se correspondía con un añadido de una anterior restauración efectuada en 1855 por José Morillas, entonces restaurador del museo. Suponemos que la zona de nubes alrededor del Niño suponemos la pintó Cano siguiendo el dibujo del Prado. Dañada esta parte central del lienzo, en 1855 debió de ser resuelta por Morillas por la zona plana de color tierra tostada que vemos actualmente y que malogra sobremanera la composición del lienzo.Tras la limpieza, resplandecen las figuras de los frailes, ángeles y paisaje que nos acercan al pincel magistral de Alonso Cano. (Claver y Sánchez Peña, 1993).

El lenguaje del pleno barroco fue magistralmente asumido por el pintor sevillano Bartolomé Esteban Murillo (1617 - 1682). Este artista interpretó los principales temas religiosos en escenarios sencillos y cotidianos, conectando fácilmente con la sensibilidad popular. Su obra respondió como pocas al deseo de la Reforma Católica de despertar el fervor del creyente con la contemplación de esas escenas sentimentales y tiernas. El arte de Murillo es la culminación de la escuela barroca sevillana y la expresión más difundida de la religiosidad andaluza.

Creó en Sevilla un prolífica escuela de gran influencia de la que salieron numerosos discípulos entre los que destacan Francisco Meneses Osorio (h.1640 - 1721) y Sebastián Gómez "El Mulato". La estela del arte de Murillo se continuó durante siglos. En la sala se exponen, entre otros, un "San José" atribuido a Meneses Osorio, "La Coronación de la Virgen" atribuida al "El Mulato" y "La Virgen de la Faja" de Alonso Miguel de Tovar (copia del original de Murillo de la colección de Margot y Albert Ernst en Saarbrücken, Alemania).

Los cuadros de Murillo conservados en el Museo de Cádiz proceden de la Iglesia de Santa Catalina del Convento de Capuchinos de Cádiz, derruida en 1982. (De dicho convento queda en pie, restaurada recientemente, la antigua capilla de la Orden Tercera). Fueron depositados, junto a otros


SAN FRANCISCO (fragmento)
Murillo (1617-1682)

cuadros y esculturas en 1970, ante el deplorables estado de conservación que presentaban y el abandono en que se hallaba el citado templo. El Ecce Homo, una de las más famosas imágenes devocionales de Murillo, se conserva en el museo desde 1852 (2). "La Estigmatización de San Francisco", a pesar de las numerosas restauraciones sufridas, conserva partes de excelente calidad que nos permiten creerlo del pincel del maestro (Angulo, 1981). No ocurre lo mismo con "La Inmaculada", perdida de antiguo la pintura original en gran parte y con restauraciones tan atrevidas que es imposible pronunciarse actualmente sobre la autoría de Murillo, aunque los documentos existente parezcan confirmarla. Los lienzos del retablo mayor de la Iglesia de Santa Catalina se presentan en la sala tal y como estaban dispuestos originalmente. En el centro el gran lienzo de los "Desposorios místicos de Santa Catalina" y a ambos lados, en el registro inferior, "San Francisco de Asís" y "San


DESPOSORIOS DE SANTA CATALINA
Murillo (1617-1682)

José". Sobre ellos, el "Santo Ángel de la Guarda" y "San Miguel Arcángel". Estos últimos, con una lado curvo, completan con "El Padre Eterno" sobre los "Desposorios", la forma semicircular en la que concluye el conjunto.

Este retablo fue la última gran obra encargada a Murillo. No se conoce exactamente la fecha del encargo pero se supone de finales de 1681. La referencia documental más antigua es la del 3 de abril de 1682 cuando, al hacer testamento en Sevilla, Murillo declaró estar haciendo un lienzo grade y otros pequeños para el Convento de Capuchinos de Cádiz. El pinto murió ese mismo día, parece que a consecuencia de la caída que había sufrido desde el andamio cuando pintaba el cuadro de los "Desposorios". El escaso tiempo que se deduce que empleara en este encargo y el estilo del mismo nos lleva a pensar que su intervención en el retablo debió reducirse al planteamiento de la composición y a parte de la ejecución del lienzo central. Meneses Osorio, terminó el lienzo de los Desposorios y el resto del retablo. Está firmado por Manazas el cuadro de San Francisco.

Existe un dibujo de Murillo propiedad de Mortimer Brandt de Nueva York, que es un apunte preparatorio para el cuadro "Los Desposorios de Santa Catalina". El grupo principal lo constituyen la Virgen el Niño, la santa y dos ángeles niños. Grupos de ángeles mancebos a ambos lados, equilibran perfectamente la escena. Con fondo de arquitectura en el que se distribuye sombras y luces, introduce un rompimiento de gloria en oblicuo contrapesando el equilibrio de la composición. Una intensa estela de luz se inicia en la zona alta y continúa entre dos planos de sombra hasta iluminar poderosamente a la Virgen, el Niño y la Santa.Si como hemos visto, esta espléndida composición tuvo terminarla Manazas, es cierto que Murillo debió dejarla trazada y abocetada e incluso en gran parte, en proceso de terminación del tratamiento pictórico (Angulo, 1981).

1.- Archivo de la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madarid: "Memoria de la Comisión de Monumentos históricos y artísticos", 8 de mayo de 1845. Libro de Actas de la Academia de Bellas Artes de Cádiz, Junta de 9 de abril de 1855.

2.- "Donado por la familia Picardo; en 1835 los religiosos al abandonar el Convento lo entregaron a la familia Picardo propietaria del mismo", Archivo Histórico Provincial de Cádiz. Inventario de Bienes del Convento de Capuchinos, redactado en 1835. Libros de Actas de la Academia de Bellas Artes de Cádiz, Junta del 20 de octubre de 1852.

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