SALA 1 PINTURA DEL SIGLO XVI

La influencia de los pintores flamencos

En el siglo XV, se desarrolló en los Países Bajos un foco artístico caracterizado por un claro interés narrativo y una técnica depurada. Esta corriente artística, encabezada por los hermanos Van Eyck, tuvo gran difusión en España donde fue conocida tempranamente y de manera directa debido al viaje que realizó Jan van Eyck a nuestro país. (Pemán, 1969). En la sala, se expone una copia antigua del retrato de Giovanna Cenami de Juan van Eyck. Se supone por su estilo y por el hecho de que existan copias similares que sea copia de un original perdido (Bermejo, 1980). Otra interesante copia de original perdido es el "Tríptico del Descendimiento" de Roger van der Weyden. Existen numerosas copias de distinta calidad y fecha. La del Museo de Cádiz presenta los carácteres típicos del estilo impuesto por Pieter Coecke (1502 - 1550), en Amberes (Bermejo, 1990). Atribuidas a Bernard van Orley (h. 1488 - 1541). Se presentan dos tablas de pequeño formato que representan a "San Jerónimo" y la "la Virgen de la Leche"; evidencian la calidad y minuciosidad de la pintura flamenca de la época.

Al comienzo del siglo XVI, las nuevas ideas renovadoras de Renacimiento italiano, manifestadas por un decidido deseo de claridad, equilibrio y grandiosidad, se introdujeron en España de diferentes maneras. A través de algunos pintores españoles formados en Italia, como Hernando de Llanos. Mediante las pinturas y grabados llegados de Italia. Y, por último, por la influencia de maestros flamencos que se instalaron en nuestro país tras haber adaptado el estilo renacentista.

Los pintores sevillanos

Sevilla, a mediados del siglo XVI vivió un momento de gran esplendor como consecuencia del comercio con América. En esta ciudad se establecieron artistas flamencos como Alejo Fernández y Pedro de Campaña. El primero creó una escuela de gran repercusión


JESÚS DESCENDIENDO DE LA CRUZ
Pedro de Campaña (1503-1580)

en la pintura andaluza del XVI. Atribuida a Alejo Fernández, se conserva en el museo la tabla de "La Coronación de espina" fechada hacia 1530. Pedro de Campaña fue, sin duda, el más célebre pintor del renacimiento sevillano. Formado en los Países Bajos, se estableció en Sevilla hacia 1537. Anteriormente, había vivido varios años en Italia. "La Piedad" (hacia 1560), tabla de gran tamaño que conserva el museo desde la desamortización, ee probable que proceda de la sacristía de la Cartuja de Jerez donde Ponz la adscribió al estilo de Alberto Durero, y así consta en inventarios antiguos del museo (1853, 1916). En el catálogo del Museo de Bellas Artes de 1952, Pemán acertadamente la atribuyó a Campaña. El esquema compositivo de esta Piedad está basado en el grabado que Marcantonio Raimondi realizó a partir de uno de los dibujos preparatorios del Entierro de Cristo de Rafael, añadiendo elementos tomados de Durero (Serrara, 1989). La tabla fue restaurada en 1874 presentando en la actualidad numerosos repintes, a pesar de los cuales, se descubre el dibujo y estilo propio de Campaña. Sin embargo, no se descarta la intervención de alguno de sus discípulos, quizás, el mismo que pintó una "Dolorosa" en colección particular barcelonés (Nicole Dacos, 1980).

Luis Morales


ECCE HOMO
Luis Morales (1515-1586)

La figura más singular del siglo XVI en España fue el pintor extremeño Luis Morales (1515 - 1586), de cuya mano, salieron obras de cuidada ejecución y extraordinario lirismo. El tríptico que ingresó en el museo en 1964, legado por María Martínez de Pinillos, representa al Ecce Homo en la tabla central. En la portezuela de la derecha, la Dolorosa y en la de la izquierda, San Juan Evangelista y el donante de la obra, el Obispo Juan de Ribera. Se supone realizado entre 1562 y 1568. Existe otra versión casi idéntica del Ecce Homo en la tabla aislada publicada en 1908 y 1918 como propiedad de la familia Selgas de Asturias (Bejano, 1918).

La tabla del pintor italiano Santi di Tito (1536-1603), "La Virgen, el Niño Jesús y San Juan Niño" representa al manierismo italiano, estilo en el que desembocó el renacimiento al asumir el interés creciente por un movimiento de ritmo curvo y ondulante.

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